lunes, 7 de mayo de 2018

Puto chivato killo


            El otro día, mientras caminaba por el pueblo, me crucé con un grupo de niños de entre 10 y 12 años que charlaban sentados ante la puerta de una de las papelerías-copisterías que tan comunes parecen en Bormujos. La cosa es que, sin quererlo en realidad, escuché como una niña de las que se encontraban allí reunidas le decía a otra: “es que tu antes eras una chivata, por eso no me juntaba contigo”, a lo que la otra respondió muy indignada y ofendida: “oye que hace mucho ya que no soy una chivata, ¿eh?”, lo que me hizo pensar en la gravedad que tiene en nuestro idioma, o al menos, en nuestro dialecto, la palabra chivato.

            ¿Qué surge primero, el contexto que refuerza el sentido peyorativo de la palabra, o es quizás la palabra y su fuerza la que genera una situación en la que el chivato está tan mal visto? Desde luego, hoy en día, la palabra va primero. Cuando eres pequeño y estas en el cole, como le debió de ocurrir a esta niña, la chivatilla, ves a uno de tus compañeros copiar en un examen o quitándole los deberes a otro y te acercas a la profesora: “Seño, que Juan está copiando”, muy orgulloso de tu fiel respeto a las reglas y la autoridad. Pero entonces llega tu condena, porque después de que la seño le eche la bronca a Juan, Juan se acerca a sus amigos, que son los tuyos también porque estás en el cole y que le vamos a hacer, y les dice que si eres un chivato, que si no se qué, y que no se junten contigo por eso. Y cuando llega la hora del patio te dicen chivato y te dejan solo. ¿Por qué? Porque has colocado a la autoridad por encima de tus iguales, el sistema de reglas y valores impuestos antes que la fidelidad a tus semejantes, dicen los niños de 6 años.

            ¿Surge de aquí la gravedad del insulto? ¿De una especie de traición a la confianza? Venimos de una dictadura al fin y al cabo, donde los iguales son muchos y la autoridad es poderosa. Aun recuerdo a mis padres diciéndome de chico que no fuese chivato, que está bien que cuando vea algo malo quiera evitarlo, pero que no recurra a la seño sino que hable con el niño. ¿Ocurre esto en el resto de culturas? ¿Si yo le digo snitch a un guiri se me cabrea o le importa poco? Habrá que probar, debatir e investigar. Desde luego la importancia y la urgencia de esta meditación superan con creces cualquiera de los discursos filosóficos vigentes en la actualidad.

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